Menuda imagen pudo contemplar el jardinero, el cual mientras hacía su trabajo, pudo ver a través de la ventana a la golfa de August Ames masturbándose. Decidió acercarse y le ofreció su rabo para que calmase su apetito de sexo, algo que ella aceptó encantada. Y es que para esta zorra es mucho mejor un buen rabo que sus propias manos.


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